México fue el primer país americano que contó con viñedo y bodega. La viticultura mexicana experimentó procesos de crecimiento y caídas importantes durante buena parte del siglo XX.
En los últimos años del siglo pasado cobró nuevo impulso apoyado en un reducido pero pujante grupo de amantes del vino que apostaron por la calidad y supieron sacar adelante proyectos de inversión que están dando muy buenos resultados, poniendo en alto el nombre de México como productor de vinos con carácter propio, novedosos y diferentes, que obtienen creciente reconocimiento nacional e internacional.
Con una cultura vinícola incipiente por parte de la mayoría de la población, que se refleja en un consumo per cápita cercano al medio litro anual, en los últimos años se despertó un creciente interés por el vino, principalmente entre sectores de población joven de ingresos medios y altos, que valoran positivamente el experimentar nuevas sensaciones al combinar los alimentos con las diferentes variedades de vino, tanto nacional como importado.
La mayor parte de la producción vitivinícola se encuentra en Baja California, donde tiene origen más del 90% de los vinos finos nacionales. Entre las cepas tintas destacan la Cabernet Sauvignon, Merlot, Nebbiolo, Syrah, Tempranillo y Grenache. Entre las blancas se encuentran Sauvignon Blanc, Chardonnay y Chenin Blanc. |